Modernizando el gimnasio, a la fuerza

Es increíble cómo puede llegar a ser la gente. Hay cosas que hacemos que, aunque no sean éticas o moralmente aceptables pueden ser entendibles, pero luego hay otras cosas que no me entran en la cabeza. La parte positiva es que, de nuevo las nuevas tecnologías, han echado una mano a más de uno.

Hace unos meses, en un gimnasio de barrio que no contaba con la misma tecnología con la que podían contar otros gimnasios de élite o incluso algunos franquiciados bastante conocidos, empezaron a notar cosas extrañas. A veces, cuando llegaba la señora de la limpieza antes del cierre, se encontraban algunos aparatos movidos y colchonetas en el suelo. No quisieron darle importancia pensando que algún usuario movía dichos objetos para entrenar más cómodamente pero sí que les mosqueaba que siempre aparecieran en rincones de poca visibilidad.

A pesar de eso, se limitaron a poner un cartel a la entrada del gimnasio y otro en la sala de máquinas donde se leía: “Los usuarios que muevan los aparatos o colchonetas del gimnasio deben colocarlos de nuevo en sitio al terminar de utilizarlos”.

Demasiado surrealista para ser verdad

Hubo días en los que se solucionó el problema, pero también hubo otros en los que todo seguía apareciendo en lugares insospechados así que, tras mucho pensarlo, decidieron comprar este dron con cámara para, en las horas clave que sabían que había poca gente, echar un vistazo. El caso es que lo que se encontraron no fue lo que imaginaban. Ellos esperaban ver a un hombre fuerte, capaz de mover las máquinas de sitio, haciendo ejercicio a lo bestia, y lo que se encontraron es que sobre las 4, que casi nunca hay más de dos o tres personas en la sala, un tío movía la maquina grande para pegarla contra una pared mientras él y la novia tenían relaciones sobre la colchoneta en el suelo. La máquina les hacía de parapeto para que no se les viera demasiado, aunque obviamente se les veía.

La primera vez que lanzaron la máquina no los vieron, fue al segundo día y obviamente les vetaron la entrada al gimnasio.

Tiene gracia que, a raíz de eso y a la fuerza, tuvieran que subirse al carro de la tecnología. Instalaron cámaras, control de accesos e incluso este programa de gestión para gimnasios.

No estoy diciendo con esto que lo que les ha pasado sea algo normal o que les haya ocurrido por culpa de no tener ciertas ventajas tecnológicas que sí tenían otros centros deportivos. Al fin y al cabo, para hacer deporte no necesitas demasiada tecnología, sólo fuerza de voluntad. Pero me resulta un poco chistoso que hayan reformado el gimnasio y lo hayan modernizado a causa de que una pareja que ya rondaba la treintena (no eran precisamente unos críos) sintieran morbo al hacerlo en el suelo de la sala de máquinas y hubieran convertido un pequeño rincón en su “picadero” particular.

Al final va a ser verdad que la tecnología es buena para muchas cosas, incluso para quitarte a exhibicionistas, o lo que quiera que fueran esos dos, de encima.